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El rol de la familia en la Educación Escolar

Entrevista a Eduardo Montano

Con la experiencia de dirigir tres colegios, impartir conferencias a nivel internacional, desarrollar metodologías exitosas y escribir varios libros sobre el valor de la familia en la educación, Eduardo Montano nos invita a reflexionar sobre el papel indispensable de los padres en la formación escolar. Una conversación llena de aprendizajes prácticos y humanos.

¿Qué le motivó personalmente a poner un enfoque tan fuerte en la familia dentro del modelo educativo de su colegio?

Mi historia personal. Vengo de una familia que vivió el divorcio, y desde pequeño observé cómo eso afectaba no solo la dinámica en casa, sino también mi desempeño, mis emociones y hasta mis decisiones. Con los años, entendí que no era una condena, sino una oportunidad para escribir una historia distinta.

Luego, al trabajar con cientos de familias, confirmé una verdad: cuando la familia se involucra, los niños florecen. Por eso, más que añadir un enfoque familiar al colegio, convertimos a la familia en el centro del modelo educativo.

¿Cómo definiría usted el papel ideal de la familia en la formación de los estudiantes?

Como el primer y principal equipo formador. El colegio enseña contenidos; la familia, carácter. Un buen colegio complementa, pero nunca reemplaza a la familia.

El papel ideal es el de una familia que modela, que establece límites con amor, que celebra los logros, pero también corrige con claridad. Una familia que no delega su rol, sino que lo abraza con intención.

¿De qué manera el colegio promueve la participación de los padres de familia en el día a día escolar?

No esperamos a que lleguen las reuniones, invitamos a los padres a ser parte activa desde el primer día. Lo hacemos a través de talleres prácticos, actividades de vínculo, momentos de reflexión y espacios donde los padres pueden ver, vivir y aportar a la experiencia escolar de sus hijos.

Lo que queremos no es solo informar a los padres, sino transformarlos.

¿Cuáles son algunas prácticas exitosas que han implementado para involucrar a las familias más allá de las reuniones tradicionales?

Varias, pero te menciono tres:

  • Foro Familiar, donde los padres viven un proceso formativo con objetivos claros y pasos concretos.
  • Día de la Familia, espacios fuera del aula que conectan emocionalmente a padres e hijos.
  • Talleres para padres, Hago dos al año y les pido que participen, que practiquen y que aprendan haciendo.

Estas experiencias rompen la pasividad y construyen comunidad.

¿Cómo manejan los casos en los que los padres no participan activamente? ¿Han encontrado formas de motivarlos?

Sí. No los juzgamos, los buscamos. A veces la no participación viene del miedo, la vergüenza o simplemente la rutina.

Hemos aprendido que cuando les mostramos que esto no es una carga, sino una oportunidad de reconexión con sus hijos, su actitud cambia. Algunos entran escépticos y salen agradecidos.

¿Qué cambios ha notado en el desempeño académico o emocional de los alumnos cuando los padres se involucran activamente?

Muchos. Mejor actitud, mayor responsabilidad, menos conflictos y más seguridad emocional.

Un niño que se siente respaldado en casa tiene más herramientas para enfrentar la vida escolar. No es solo una teoría, lo he visto con mis propios ojos una y otra vez.

¿Ha observado diferencias significativas entre familias que se integran activamente y aquellas que no lo hacen?

Sí, y son abismales. No es que una familia perfecta garantice el éxito, pero una familia involucrada multiplica las posibilidades.

En cambio, la ausencia familiar deja hoyos que ni el mejor colegio puede llenar.

¿Qué tipo de comunicación mantienen con los padres? ¿Han adoptado nuevas herramientas o estrategias para mejorarla?

Combinamos lo tradicional con lo actual. Comunicaciones escritas, reuniones presenciales, pero también grupos digitales, boletines breves, y sobre todo una comunicación directa, respetuosa y constante.

El principio es simple: los padres no deben enterarse tarde. Deben sentirse parte desde el inicio.

¿Cómo abordan las diferencias de opinión o conflictos entre el colegio y las familias?

Con escucha, claridad y firmeza. No evitamos el conflicto, lo enfrentamos con respeto y propósito.

Recordamos a las familias que todos buscamos el bienestar del niño. Podemos pensar diferente, pero no debemos olvidar que somos aliados, no enemigos.

¿Qué papel cree que juega la familia en el desarrollo de valores, hábitos y habilidades socioemocionales?

Juega el papel principal. La familia modela valores más con acciones que con discursos. Los hábitos se forman en la rutina del hogar.

Y las habilidades socioemocionales no se enseñan en una clase, se contagian con la convivencia diaria. Lo que un niño respira en casa, es lo que exhala en el mundo.

¿Cómo alinea el colegio los valores institucionales con los valores que se promueven desde casa?

Primero, dejando claro qué valores sostenemos como institución. Segundo, invitando a los padres a conocerlos, discutirlos y sumarse.

No imponemos, inspiramos con congruencia. Sabemos que cuando los mensajes del hogar y del colegio se contradicen, el alumno sufre. Por eso trabajamos por una sintonía constante.

¿Cómo cree que evolucionará el rol de la familia en los próximos años dentro del contexto educativo?

Creo que volverá al centro.

Ya se vio lo que pasa cuando la familia se desconecta: ansiedad, desconexión, apatía, desorden. El mundo nos está gritando que la mejor tecnología educativa es una familia presente.

Los colegios que lo entiendan serán faros, no solo fábricas de notas.

¿Qué consejos daría a otros directores que deseen fortalecer la relación entre familia y escuela?

Tres consejos muy concretos:

  • Prediquen con el ejemplo. La familia no va a creer un mensaje que no se vive dentro del colegio.
  • Construyan espacios seguros, no juzgadores. Donde los padres puedan aprender sin sentirse señalados.
  • No esperen crisis. Formen desde antes. La prevención es más poderosa que la corrección.

Cambiemos el mundo, una familia a la vez.